El otro día estaba sentada cómodamente en un café, cuando escuché una voz que decía, gracias compadre, o gracias hermano, o algo así. Era una voz grave, profunda, sonora, y con un acento que delataba un... ¿cómo decirlo sin caer en prejuicios de clases sociales? Bueno, un tono tal que me hizo voltear, y vi salir a un señor un tanto regordete, melenudo, de alrededor de 50 años, que iba saliendo ya del establecimiento.
Lo seguí con la mirada y vi que cruzó la calle y se acercó a un taxi que estaba estacionado. Abrió la puerta, se subió y se fue. ¿Será que a los taxistas de vez en cuando también les gusta disfrutar de una tacita de té? Tracé mentalmente la trayectoria del taxista en reversa, así como lo vi pasando entre la pared y la barra, hacia donde está un refrigerador en una esquina junto a una puerta verde que resguarda el baño: casi indiscutiblemente, éste último su punto de origen.
Nunca me había preguntado cómo le harán los taxistas para ir al baño en horas de trabajo.
"...to enclose the present moment; to make it stay; to fill it fuller and fuller, with the past, the present and the future, until it shone, whole, bright, deep with understanding."
Virgina Woolf, The Years
8.11.11
2.11.11
30.10.11
Have become officially obsessed with Cornell's boxes
Y mi fascinación no está exenta de una pequeña dosis de saludable narcisismo: Ursa, Ursa Minor!
(that is, the meaning of my name in latin: little bear, or the constellation little dipper)
Aunque estos sean más bien como collages, están pocamadre!!
DO VISIT:
Navigating the imagination: http://www.pem.org/sites/cornell/#
(sitio de exposición sobre Cornell,altamente recomendable)
How to's: Joseph Cornell Box
http://www.josephcornellbox.com/menu.htm
At Artchive:
http://www.artchive.com/artchive/ftptoc/cornell_ext.html
Blogger Sheila on Cornell:
http://www.sheilaomalley.com/?p=5887
24.10.11
Algunas palabras sobre el amor
Las primeras de todas: el amor no es una palabra. Paradójicamente, un viejo dicho literario es perfecto para aclarar tal característica: "show, don't tell".
No lo digan, demuéstrenlo.
No lo digan, demuéstrenlo.
9.10.11
The Garden I - Giardino: medicamento
- Quale sarebbe questo medicamento prodigioso con cui contate di salvare il vostro selvaggio?
- Le mie rose.
Come un bambino avrebbe potuto posare un ucello smarrito nel tepore artificiale di un nido fatto di stoffa, Langlais posò Adams nel suo giardino. Mirabile giardino, in cui le geometrie più raffinate tenevano a bada l'esplosione dei colori tutti, e la disciplina di ferree simmetrie regolava la spettacolare limitrofia di fiori e piante venuti da tutto il mondo. Un giardino in cui il caos della vita diventava figura divinamente esatta.
Fu lì che Adams, lentamente, ritornò a se stesso.
Oceano Mare, Alessandro Baricco.
26.9.11
Got it! (Eureka, or more thoughts on bags)
A while ago I wrote something about women, bags and infatuation. Bueno, pues, aunque usted no lo crea, tal es un problema que en todos estos años no ha dejado de rondar mi cabeza. Y como a Arquímedes, la solución se me ocurrió mientras me bañaba, ja!
Bien. La respuesta no deja de tener ciertos tintes freudianos, y está inspirada también derridárianemente en el falogocentrismo. Porque, bueno, si pensamos en aquello de... bueno, cabe aclarar, que a tal término le sobran un par de letras, le sobra un concepto: dejémoslo en falocentrismo. Bueno, pues, pensando en el falocentrismo, y en aquello de las similitudes fisiológicas y las palancas de velocidad de los autos y demás instrumentos de control, poder, etc., y otros paralelismos formales de carácter íntimo, pues a nadie podrá sorprender que las bolsas también guarden una similitud sorprendente con el aparato reproductor femenino: léase, ambos están hechos para contener, para recibir, para introducir, etc.
Ecco! O, en su defecto, Eureka! He ahí el origen de la fascinación. Como en los entes del género masculino, una fascinación inconsciente por sí mismo. Por nosotras mismas.
PD: ¿Podría decirse tal vez que es también, inconscientemente y en ambos casos, una fascinación por el placer?
El arte existe, y consiste en que los cítricos amantes se amen más o menos a un tiempo
Algunas veces, no perdonar es un ejercicio necesario de cordura. De honestidad.
Vaciar el cuenco es otra historia. La posibilidad de otra historia.
Vaciar el cuenco es otra historia. La posibilidad de otra historia.
18.9.11
La luz de los ciruelos
Miro un templo en los ciruelos desnudos.
El patio es la espesura donde crece la tarde,
anudada en soledades que levantan
la creación de acantilados encendidos.
La ausencia de follaje celebra el resplandor
del abismo que toca los troncos
como poblados de vacío
o del negro animal de la noche.
Las ramas del ciruelo son el eco
de un cielo que en llamas anuncia
los heraldos festivos de un cáliz sin mácula,
en donde el sonido de la tierra es infinito
y el corazón un instrumento para oír
la luz de esas hogueras.
"Para celebrar la luz de los ciruelos" de Cosme Álvarez, en El azar de los hechos.
El patio es la espesura donde crece la tarde,
anudada en soledades que levantan
la creación de acantilados encendidos.
La ausencia de follaje celebra el resplandor
del abismo que toca los troncos
como poblados de vacío
o del negro animal de la noche.
Las ramas del ciruelo son el eco
de un cielo que en llamas anuncia
los heraldos festivos de un cáliz sin mácula,
en donde el sonido de la tierra es infinito
y el corazón un instrumento para oír
la luz de esas hogueras.
"Para celebrar la luz de los ciruelos" de Cosme Álvarez, en El azar de los hechos.
6.7.11
Quedamos los que puedan sonreír
No esperaba que la vida cambiara el sentido de las palabras tan pronto, tan imperceptiblemente, tan naturalmente... de una forma tan límpida y transparente. Fueron palabras que sólo yo escuché, como si fuera la primera vez que las escuchara, entendiendo su sentido como si hablaran de mí justo en ese momento. Me recorrió un sentimiento de felicidad serena, de reconocimiento:
Estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir, son la verdad o el fin, son dios. Quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte, en plena luz. En plena luz.
Y también:
Al final de este viaje en la vida quedarán nuestros cuerpos cansados de ir a la muerte, al odio, al borde del mar. Al final de este viaje quedará nuestro rastro invitando a vivir. Por lo menos por eso es que estoy aquí.
Sólo después me sorprendí recordando, un recuerdo que parecía ya lejano, extraño, desfasado o fuera de lugar. Mi cuerpo reconocía y sentía verdaderamente la cura.
Durante todo ese tiempo, que no debió haber sido más de un minuto, miré hacia arriba, abstraída del ruido del tren del metro que ya llegaba, del movimiento de la gente a mi alrededor, como si viera efectivamente una luz o una transparencia de aire. Después de eso, continué sonriendo. Repitiendo no sólo para mí misma, sino para una ambigua humanidad: Somos prehistoria que tendrá el futuro, somos los anales remotos del hombre: estos años son el pasado del cielo.
Al final de este viaje está el horizonte. Al final de este viaje comienza un camino, otro buen camino que seguir, descalza, contando la arena.
27.6.11
Il tempo ci risponderà
Saluteremo dalla nostra finestra
il tempo che passa
e se passando ci riconoscerà
anche il tempo perduto
anche il tempo sbagliato
ci risponderà
Saluteremo dalla nostra finestra
e non sarà una canzone
che tutto il tempo finito ci ritornerà
ma saranno gli occhi
questi nostri occhi senza più parole
e un altro tempo sarà
20.6.11
Reencuentros
Qué bonito es reencontrar, por azar, a un viejo conocido. Más bonito aún recuperarlo. Así avisté sin esperarlo un grupo de letras familiares, impresas en un papel inusualmente rugoso, grueso, y amable. Solito estaba, pero yo no dudé ni un minuto en tomarlo. Ni siquiera me fijé en el precio.
El otro fue un flechazo instantáneo: el mismo, pero varios años después (los años nos cambian). Se veía rejuvenecido, más delgado, contundente. Dejé el libro que estaba considerando comprar de golpe, sin siquiera terminar de buscar el índice, y lo tomé. Tampoco me fijé en el precio, por supuesto, y me fui derechito a la caja.
Acá los tengo junto a mí, que tanta falta me hace la poesía. Les comparto dos poemas:
Las más bellas imágenes...
Las más bellas imágenes quedan abandonadas
si tú comienzas a hablar en la noche,
en la costa,
todas las cosas balancean dudosas palabras y deseos.
El sonido de las ranas argentadas: sí, no, sí, no,
el mar que confunde la luna con las sonrisas
de los peces que mueren en la arena,
y tu placer, que eran las aves de sombra gris
sobre arena de cuerpo inmediato e invisible.
Luego el frío y, por un instante, los peces
que se mueven
y se mezclan, pastosos, sembrando alevines.
Pero no miramos todo en la única noche
que supimos que nada nos pertenece.
Ya no tocaste, de pronto, la piel del agua
para que ella, sin temblor, te reflejase en carne,
y te hablara con tus propias palabras.
Nunca escuché, bajo la brisa de la tarde,
que dijeras con palabras cercanas y ciertas
sobre cómo nuestro sueño había pasado,
pero ahora sí podíamos mirarnos
porque las escamas de los peces se nos cayeron
y ya habían muerto todos los monstruos del mar,
los peces ángel y las serpientes con cabello.
Porque hubo cosas que decían que entonces
era la noche de infancia, pero ahora es de día.
En Euripos y otros poemas, de Francisco Fenton
Peanuts
a mí si me importan los cominos
Arturo Suárez
Si yo por algo diera un cacauate
no dudaría en pedir que me firmaran
un recibo; y el mero atrevimiento
de sacar a la venta un simple rábano
me resulta impensable por ahora,
y más cuando el valor de los cominos
lleva meses trepando en las escalas
con que yo mismo cotizo todo.
El oro en polvo es polvo antes que nada;
los diamantes, carbones, y la seda,
gusanos destilados. Lo importante
ya no es lo que me importa (si algo fuera):
tengo cinco centavos en el puño
y es obvio que no voy a derrocharlos.
En Trece, de Luis Vicente de Aguinaga
El otro fue un flechazo instantáneo: el mismo, pero varios años después (los años nos cambian). Se veía rejuvenecido, más delgado, contundente. Dejé el libro que estaba considerando comprar de golpe, sin siquiera terminar de buscar el índice, y lo tomé. Tampoco me fijé en el precio, por supuesto, y me fui derechito a la caja.
Acá los tengo junto a mí, que tanta falta me hace la poesía. Les comparto dos poemas:
Las más bellas imágenes...
Las más bellas imágenes quedan abandonadas
si tú comienzas a hablar en la noche,
en la costa,
todas las cosas balancean dudosas palabras y deseos.
El sonido de las ranas argentadas: sí, no, sí, no,
el mar que confunde la luna con las sonrisas
de los peces que mueren en la arena,
y tu placer, que eran las aves de sombra gris
sobre arena de cuerpo inmediato e invisible.
Luego el frío y, por un instante, los peces
que se mueven
y se mezclan, pastosos, sembrando alevines.
Pero no miramos todo en la única noche
que supimos que nada nos pertenece.
Ya no tocaste, de pronto, la piel del agua
para que ella, sin temblor, te reflejase en carne,
y te hablara con tus propias palabras.
Nunca escuché, bajo la brisa de la tarde,
que dijeras con palabras cercanas y ciertas
sobre cómo nuestro sueño había pasado,
pero ahora sí podíamos mirarnos
porque las escamas de los peces se nos cayeron
y ya habían muerto todos los monstruos del mar,
los peces ángel y las serpientes con cabello.
Porque hubo cosas que decían que entonces
era la noche de infancia, pero ahora es de día.
En Euripos y otros poemas, de Francisco Fenton
Peanuts
a mí si me importan los cominos
Arturo Suárez
Si yo por algo diera un cacauate
no dudaría en pedir que me firmaran
un recibo; y el mero atrevimiento
de sacar a la venta un simple rábano
me resulta impensable por ahora,
y más cuando el valor de los cominos
lleva meses trepando en las escalas
con que yo mismo cotizo todo.
El oro en polvo es polvo antes que nada;
los diamantes, carbones, y la seda,
gusanos destilados. Lo importante
ya no es lo que me importa (si algo fuera):
tengo cinco centavos en el puño
y es obvio que no voy a derrocharlos.
En Trece, de Luis Vicente de Aguinaga
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