"...to enclose the present moment; to make it stay; to fill it fuller and fuller, with the past, the present and the future, until it shone, whole, bright, deep with understanding."
Virgina Woolf, The Years
10.4.17
Un huerto
lo que gesta en secreto
Piadoso
mira lejos
Hacia la 1 y 1/2 de la tarde
pinta
forjando el camino del pájaro
Abriendo los ojos
ya durmiendo
rodó sus ruedas de horas ovaladas
Todos los días
el calendario
El muro de agua de los ritos
Su engranaje se diluye
pues es su magia algo diferente:
la existencia llevada a cabo
en la porción del ritmo
en el pulso de lo visto
entre el deshielo lampo del instante
que parte
arde
da cuanta forma la forma necesita
En las palabras de los mares
hay lluvia que acompañe su silencio
Andando por ahí
se llega al centro
de algún modo
veredas se transitan en los ojos
un huerto
un colibrí
un pavo real
el vaivén de un sauce
que se ríe sobre el arroyo
Palabras rescatadas de Josué Ramírez's Muda de raíces
15.7.15
Las Horas X - El bosque de relojes
El maestro Hora volvió a sonreír.
- No, querida niña. Yo sólo soy el administrador. Mi obligación es dar a cada hombre el tiempo que le está destinado.
- ¿No podrías organizarlo de tal manera -preguntó Momo-, que los ladrones de tiempo no pudieran robar más a los hombres?
- No, eso no puedo hacerlo -contestó el maestro Hora-, porque lo que los hombres hacen con su tiempo, tienen que decidirlo ellos mismos. También son ellos quienes han de defenderlo. Yo sólo puedo adjudicárselo.
Momo recorrió con la mirada la sala y preguntó:
- Para eso tienes tantos relojes, ¿no? ¿Uno para cada hombre?
- No, Momo -contestó el maestro Hora-. Esos relojes no son más que una afición mía. Sólo son reproducciones muy imperfectas de algo que todo hombre lleva en su pecho. Porque al igual que tienen ojos para ver la luz, oídos para oír los sonidos, tienen un corazón para percibir, con él, el tiempo. Y todo el tiempo que no se percibe con el corazón está tan perdido como los colores del arcoiris para un ciego o el canto de un pájaro para un sordo. Pero, por desgracia, hay corazones ciegos y sordos que no perciben nada, a pesar de latir.
- ¿Y si un día mi corazón dejara de latir? -preguntó Momo.
- Entonces -replicó el maestro Hora-, el tiempo se habrá acabado para ti, mi niña. También se podría decir que eres tú quien vuelve a través del tiempo, a través de todos tus días y noches, tus meses y años. Regresas a través de tu vida hasta llegar al gran portal de plata por el que una vez entraste. Por allí vuelves a salir.
- Y, ¿qué hay del otro lado?
- Entonces has llegado al lugar de donde procede la música que, muy bajito, ya has oído alguna vez. Pero entonces tú formas parte de ella, eres un sonido dentro de ella.
Miró, inquisitivo, a Momo.
- Pero eso no podrás entenderlo todavía, ¿verdad?
- Sí -contestó Momo-, creo que sí.
Recordó su camino a través de la calle de Jamás, en la que lo había vivido todo al revés, y preguntó:
- ¿Eres tú la muerte?
El maestro Hora sonrió y calló un rato antes de contestar:
- Si los hombres supiesen lo que es la muerte, ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida.
- No hace falta más que decírselo - propuso Momo.
-¿Tu crees? -preguntó el maestro Hora-. Yo se los digo con cada hora que les adjudico. Pero creo que no quieren escucharlo. Prefieren creer a aquellos que les dan miedo. Eso también es un enigma.
Fragmento de Momo, de Michael Ende.
17.7.12
Nothin' but the idea of chocolate. An elegy.
Oh this coffee is really good,
though come to think of it it tastes
like nothing plus the idea of chocolate,
or an acquaintance of chocolate
speaking fondly of certain times
it and chocolate had spoken of nothing,
or nothing remembering a field
in which it once ate the most wondrous
sandwich of ham and rustic chambered cheese
yet still wished for a piece of chocolate
before the lone walk back through
the corn then the darkening forest
to the disappointing village and its super
creepy bed and breakfast.
With secret despair I returned
to the city. Something seemed to be
waiting for me. Maybe the ghost
I keep choosing, even if it's "nothing
better than a wandering cloud" following me
which of course to me and everyone
sounds incredible.
All I follow is my own desire,
sometimes to feel, sometimes to be
at least a little more than intermittently
at ease with being loved. I am never
at ease. Not with hours I can read or walk
and look at the brightly colored
houses filled with lives, not with night
when I lie on my back and listen,
not with the hallway, definitely
not with facebook, definitely
not with time.
Take this cup full of longing and stay as long
as you want and maybe a little longer.
A personal version of Matthew Zapruder's "The Prelude", written in non-secret despair and longing for the food of the gods.
4.7.12
19.3.12
El cuerpo de su niña
La toma como tomaría a su niña. Tomaría a su niña de la misma manera. Juega con el cuerpo de su niña, le da vuelta, se cubre con ella el rostro, la boca, los ojos. Y la pequeña, la pequeña sigue abandonándose en la dirección exacta que él ha emprendido cuando ha empezado a jugar.
Marguerite Duras, El amante
24.1.12
14.12.11
Las horas IX - To Squeeze the Universe into a Ball
Disturb the Universe?
And how should I begin?
And should I then presume?
Should I, after tea and cakes and ices,
Have the strenght to force the moment to its crisis?
And would it have been worth it, after all,
After the cups, the marmalade, the tea,
Among the porcelain, among some talk of you and me,
Would it have been worth while,
To have bitten off the matter with a smile,
To have squeezed the universe into a ball
To roll it towards some overwhelming question,
To say: "I am Lazarus, come from the dead,
Come back to tell you all, I shall tell you all."
No! I am no prophet. I am not Prince Hamlet.
Am an attendant Lord; almost, at times, the Fool.
Would it have been worth while
If one, settling a pillow by her head,
Should say, "That is not what I meant at all;
That is not it, at all."
Fragmentos de "The Love Song of J. Alfred Prufrock", de T. S. Elliot.
7.8.10
Las horas VIII - El secreto de la longevidad
Luis Ignacio Helguera. "La tortuga" Murciélago al mediodía. Fragmento.
24.4.10
Las horas VII - To run or not to run / Correr o no correr
I mean... / Quiero decir...
there are no record times to beat/ no hay tiempos record a vencer
and focusing merely on the finish line may stop you from realizing there's people around, there are views, there's oneself / y la meta final es sólo una línea, ¿no merece más la pena lo que está alrededor, la vista, la gente, uno mismo?
Just enjoy the ride / ¡A disfrutar!
18.10.09
Las Horas VI - Ser árbol

y llenarse de pájaros para poder, cantando,
reflejar en las ondas quietud y soledad.
- "Discurso por las flores", Carlos Pellicer
Vista: árboles y antigua casa de Hernán Cortés, La Antigua, Veracruz.
1.6.09
Las Horas V - Té - Apéndice: Tea for Two
El paseo: Tea for Two Lovers, de Richard The Photographer
Musiquita: Tea for Two, cantado por Lisa Ekdahl y el Peter Nordahl Trio
13.5.09
Las Horas V - Té

"[El bebedor de té] evita los perversos efectos del café, contraria a los fumadores de tabaco y pasa por anacoreta entre los alcohólicos. ¿Cuántas veces habré oído los lamentos pletóricos de comensales que llegan a reprocharme el no beber suficiente vino?
Casi nos disculpamos por ser bebedores de té."
"El té aspira a gestos cuidadosos. No hay que ir con prisas, sino que hay que celebrarlo sin cambio de humor, sin contrariedad, con la mente sosegada."
"Para algunos estetas, el té, y lo que trae consigo en cuanto a imágenes basadas en lo imaginario y en estrechas relaciones humanas, seguirá siendo siempre una forma de sustraerse al tiempo real."
"El té no sólo se bebe, sino que también sirve de lazo fundador entre dos o varios seres que gracias a él pactarán de uno u otro modo.
El té actúa como una tinta fértil."
Fragmentos de pequeño tratado del té, de Gilles Brochard,
y Blue Tea Pot, de Jean de Paul
26.10.08
9.8.08
Las Horas II - Todo lo iguana que se puede
de una máquina de soledad. El viento
campea displiciente. Nada tiene
sino una enorme juventud. El tiempo
carece de estatura. Por el día
pasa la flecha de todo lo que hiere.
El lugar de las cosas sobrevive
a cada instante. De una palmera salen
altas sonrisas y el agua sonríe
la tristeza. Quieto a fondo, miro
la destrucción de mi espesura.
Y es la tierra, mi tierra, el polvo mío,
el árbol de la noche sollozada,
las puntuales blancuras de la garza,
las luces de mis ojos,
el trayecto de una mirada a otra mirada.
El cielo que vuela de mis ojos a los cielos
de unos ojos terrestres
y las nubes que desbordan el canto.
Nada vive para morir sin dar.
En todo encuentro algo de mí
y en todo vivo y muero.
Estoy todo lo iguana que se puede,
desde el principio al fin.
Hay ya un lucero.
Villahermosa, una vez de octubre de 1966.
Carlos Pellicer
22.7.08
Las horas I - riddle and flower

Tres hermanos viven en una casa:
son de veras diferentes;
si quieres distinguirlos,
los tres se parecen.
El primero no está: ha de venir.
El segundo no está: ya se fue.
Sólo está el tercero, menor de todos;
sin él, no existirían los otros.
Aun así, el tercero sólo existe
porque en el segundo se convierte el primero.
Si quieres mirarlo
no ves más que otro de sus hermanos.
Dime pues: ¿los tres son uno?,
¿o sólo dos?, ¿o ninguno?
Si sabes cómo se llaman
reconocerás tres soberanos.
Juntos reinan en un país
que ellos son. En eso son iguales.
Casiopea, que podía ver lo que ocurriría en los próximos treinta minutos, sabía que Momo resolvería el acertijo.
¿Qué son las horas? ¿Dónde residen? ¿A dónde van? ¿De dónde han venido? ¿Existen? Momo decía que, a veces, le parecía escuchar una música, cuando observaba las estrellas en silencio. Una vez, en otro lugar, pudo escucharla con claridad:
Poco a poco, Momo se fue dando cuenta de que se hallaba bajo una cúpula inmensa, totalmente redonda, que le pareció tan grande como todo el firmamento. Y esa inmensa cúpula era de oro puro.
En el centro, en el punto más alto, había una abertura circular por la que caía, vertical, una columna de luz sobre un estanque igualmente circular, cuya agua negra estaba lisa e inmóvil como un espejo oscuro.
Muy poco por encima del agua titilaba en la columna de luz algo así como una estrella luminosa. Se movía con lentitud majestuosa, y Momo vio un péndulo increíble que oscilaba sobre el espejo oscuro. Flotaba y parecía carecer de peso.
Cuando el péndulo estelar se acercaba lentamente a un extremo del estanque, salía del agua, en aquel punto, un gran capullo floral. Cuanto más se acercaba el péndulo, más se abría, hasta que por fin quedaba totalmente abierto sobre las aguas.
Era una flor de belleza tal, que Momo no la había visto nunca. Parecía componerse solamente de colores luminosos. Momo nunca había sospechado que esos colores siquiera existieran. El péndulo se detuvo un momento sobre la flor y Momo se ensimismó totalmente en su visión, olvidando todo lo demás. El aroma le parecía algo que siempre había deseado sin saber de qué se trataba.
Pero entonces, muy lentarnente, el péndulo volvió a oscilar hacia el otro lado. Y mientras, muy poco a poco, se alejaba, Momo vio, consternada, que la maravillosa flor comenzaba a marchitarse. Una hoja tras otra caía y se hundía en la negra profundidad. Momo lo sentía con tal dolor como si desapareciera para siempre de ella algo totalmente irrepetible.
Cuando el péndulo hubo llegado al centro del estanque, la extraordinaria flor había desaparecido del todo. Pero al mismo tiempo comenzaba a salir, al otro lado del estanque, del agua negra, otro capullo. Y mientras el péndulo se acercaba lentamente a él, Momo vio que el capullo que comenzaba a abrirse era mucho más hermoso todavía. La niña dio la vuelta al estanque para verlo de cerca.
Después de observar, con algo que tal vez haya sido muy similar al amor, varios capullos más abrirse y marchitarse, Momo comenzó a escuchar:
... los sonidos se volvían más y más claros y brillantes. Momo intuyó que era esa luz sonora la que hacía nacer de las profundidades del agua negra cada una de las flores de forma cada vez diferente, única e irrepetible.
Cuanto más escuchaba, más claramente podía distinguir voces singulares. Pero no eran voces humanas, sino que sonaba como si cantaran el oro, la plata y todos los demás metales. Y entonces aparecieron como en segundo término voces de índole totalmente diferente, voces de lejanías impensables y de potencia indescriptible. Se hacían cada vez más claras, de modo que Momo iba entendiendo poco a poco las palabras, palabras de una lengua que nunca había oído y que, no obstante, entendía. Eran el sol y la luna y todos los planetas y las estrellas que revelaban sus propios nombres, los verdaderos. Y en esos nombres estaba decidido lo que hacen y cómo colaboran todos para hacer nacer y marchitarse cada una de esas flores horarias.
Y, de pronto, Momo comprendió que todas esas palabras iban dirigidas a ella. Todo el mundo, hasta las más lejanas estrellas, estaba dirigido a ella como una sola cara de tamaño impensable que la miraba y le hablaba.
Y le sobrevino algo más grande que el miedo.
El profesor Hora le explicó, después, que el lugar al que la había llevado era su propio corazón, y que cada corazón era un lugar similar. Cada flor, una hora. Única, ciertamente, e irrepetible, pero, sobre todo, bella - las flores eran (son, tal vez) inefable belleza creada por algo así como la música de las esferas.
Life holds one great but quite commonplace mystery. Though shared by each of us
and known to all, seldom rates a second thought. That mystery, which most of us
take for granted and never think twice about, is time.
Calendars and clocks exist to measure time, but that signifies little because we all know that an hour can seem as eternity or pass in a flash, according to how we spend it.
Time is life itself, and life resides in the human heart.
Fragmentos: Momo, de Michael Ende.
Ilustración: Momo y Casiopea, por Dagmar Meinders

