4.12.09

mi Città

Me rehúso a terminar de leerlo. Me rehúso a que se convierta en un recuerdo (empolvado o no), me rehúso a que se convierta en un libro definitivamente cerrado, me rehúso a regresarlo al estante y a dejar de llevarlo conmigo a todos lados. A los buenos amigos no se les abandona de esa manera.

City. Lo empecé a leer en la húmeda y calurosa soledad de un verano de Vancouver, tal vez, o en la de un caluroso otoño (un bello "indian summer"). Esperé más de un mes para que la librería lo trajera - pensé, incluso, que habían olvidado o cancelado mi pedido y ya estaba resignada cuando recibí la llamada, una tarde sin importancia mientras revisaba el correo. Tuve que esperar unos días más para ir a recogerlo, y por fin lo tuve junto a mí.

He de confesar que no fue una relación fácil, sobre todo al principio: conflictos de entendimiento y comprensión mutua, como en todas las relaciones: un suyo apasionado interés en el fútbol, y una mía aberración a él, acompañada de una ignorancia tal de la terminología que ni siquiera me dí cuenta de que estaba hablando de eso hasta después de varios párrafos; historias sobre el viejo oeste, otro de los temas de los que puedo perfectamente prescindir en mi vida, y, para acabarla de amolar, el box, tan parte de todo su mundo que varias veces cerré el libro y lo dejé por varios días, semanas, creo que incluso meses.

En este caso, el orgullo fue justamente lo que salvó la relación, junto con la curiosidad. Comencé a comprender el rompecabezas, los términos técnicos se volvieron familiares, las voces entrelíneas comencé a escucharlas, y, por fin, se produjo el enamoramiento: escuché la poesía disfrazada de prosa que tanto anhelaba. Comencé a subrayar mis frases favoritas con lápiz, algunas varias veces, como demostrando mayor acuerdo con lo dicho, y tal vez incluso haya circulado con gran entusiasmo una que otra.

Nuestro primer viaje juntos tuvo algo de romanticismo kitsch: no fue propiamente París, pero sí una especie de sucursal, la cosmopolita y vibrante Montreal. Estuvo conmigo mientras desayunaba tardíamente un café y algún panecillo, mientras me perdía (literalmente) por las calles, y mientras regresaba al lugar a donde me hospedaba en la fría y temprana oscuridad del país. Después estuvo el regreso a México, la visita a Cancún, y la tan esperada visita al hogar de mi confesado y verdadero amor, con quien lo engañé sin reparos - comunque, la nuestra nunca fue una relación declaradamente... abiertamente... definida, digamos.

Y estuvo ahí, siempre, en la ciudad. La ciudad mía tan querida y tan ansiada, mi ciudad y la suya juntas, y después la nueva partida, el nuevo hogar, a donde me acompañó también tantas otras veces durante tantos meses. Y el ahí, aquí, conmigo, contándome bellamente lo que yo sentía, dándome unas explicaciones maravillosamente lúcidas, consolándome otras veces, mostrándome varios nuevos paisajes, y hablándome del tiempo.

¿Cómo podría dejarlo atrás? ¿Cómo podría convertirlo en un recuerdo, en algo muerto que se revive a medias con la memoria? No puedo. Ni quiero. Me rehúso.

Y él me sigue esperando, sobre el escritorio, en la mesa de noche, o en la bolsa. Y yo lo miro, y sé que él me mira también, aunque no diga nada... Me pregunto qué pensará él.


29.11.09

Úrsula sabe dónde está Macondo


En cierta ocasión, meses después de la partida de Úrsula, empezaron a suceder cosas extrañas. Un frasco vacío que durante mucho tiempo estuvo olvidado en un armario se hizo tan pesado que fue imposible moverlo. Una cazuela de agua colocada en la mesa de trabajo hirvió sin fuego durante media hora hasta evaporarse por completo. José Arcadio Buendía y su hijo observaban aquellos fenómenos con asustado alborozo, sin legrar explicárselos, pero interpretándolos como anuncios de la materia. Un día la canastilla de Amaranta empezó a moverse con un impulso propio y dio una vuelta completa en el cuarto, ante la consternación de Aureliano, que se apresuró a detenerla. Pero su padre no se alteró. Puso la canastilla en su puesto y la amarró a la pata de una mesa, convencida de que el acontecimiento esperado era inminente. Fue en esa ocasión cuando Aureliano le oyó decir:

—Si no temes a Dios, témele a los metales.

De pronto, casi cinco meses después de su desaparición, volvió Úrsula. Llegó exaltada, rejuvenecida, con ropas nuevas de un estilo desconocido en la aldea. José Arcadio Buendia apenas si pudo resistir el impacto. "¡Era esto!", gritaba. "Yo sabía que iba a ocurrir." Y lo creía de veras, porque en sus prolongados encierros, mientras manipulaba la materia, rogaba en el fondo de su corazón que el prodigio esperado no fuera el hallazgo de la piedra filosofal, ni la liberación del soplo que hace vivir los metales, ni la facultad de convertir en oro las bisagras y cerraduras de la casa, sino lo que ahora había ocurrido: el regreso de Úrsula. Pero ella no compartía su alborozo. Le dio un beso convencional, como sí no hubiera estado ausente más de una hora, y le dijo:

—Asómate a la puerta.

José Arcadio Buendía tardó mucho tiempo para restablecerse de la perplejidad cuando salió a la calle y vio la muchedumbre. No eran gitanos. Eran hombres y mujeres como ellos, de cabellos lacios y piel parda, que hablaban su misma lengua y se lamentaban de los mismos dolores. Traían mulas cargadas de cosas de comer, carretas de bueyes con muebles y utensilios domésticos, puros y simples accesorios terrestres puestos en venta sin aspavientos por los mercachifles de la realidad cotidiana. Venían del otro lado de la ciénaga, a sólo dos días de viaje, donde había pueblos que recibían el correo todos los meses y conocían las máquinas del bienestar. Úrsula no había alcanzado a los gitanos, pero encontró la ruta que su marido no pudo descubrir en su frustrada búsqueda de los grandes inventos.






http://www.youtube.com/watch?v=suiITYO1UEs&feature=related

18.11.09

Piensa que ya no la quieren


MusicPlaylist
Music Playlist at MixPod.com



La tierra tiene fiebre
Necesita medicina
Y poquito de amor
Que le cure la penita que tiene

La tierra tiene fiebre
Tiembla, llora, se duele
Del dolor más doloroso
Y es que piensa que ya no la quieren

Y es que no hay respeto por el aire limpio
Y es que no hay respeto por los pajarillos
Y es que no hay respeto por la tierra que pisamos
Y es que no hay respeto ni por los hermanos
Y es que no hay respeto por los que están sin tierra
Y es que no hay respeto y cerramos las fronteras
Y es que no hay respeto por los niños chiquininos
Y es que no hay respeto por las madres que buscan a sus hijos

Y es que no hay respeto y se mueren de hambre
Y es que no hay respeto y se ahoga el aire
Y es que no hay respeto y lloran más madres
Y es que no hay respeto y se mueren de pena los mares
Y es que no hay respeto por las cosas de los pueblos
Y es que no hay respeto desde los gobiernos
Y es que no hay respeto por los coches mininos
Y es que no hay respeto y el mundo se prendió...

La tierra tiene fiebre necesita medicina
Y poquito de amor que le cure la penita que tiene.


Voz: Bebe, Ska de la tierra

11.11.09

Ancora sulla bellezza



I find beauty in odd places. Sometimes I'm driving, or walking, and like... I just stop. And freeze. Maybe a sight... the way a light hits a building, the way a shadow's thrown accross the street.

I think beauty embodies what we consider ugly, as well as what we consider beautiful.

For me, beauty is... history. Beauty is... having lived. Beauty is... evidence. It's a mark.


Voz: Michael Ray Charles (entrevista)
Propuesta: Ah Shinnie Star de Michael Ray Charles

6.11.09

De lo femenino imaginario II - Ideal

__________________I've got a perfect body
__________________But sometimes I forget
__________________I've got a perfect body
__________________'Cause my eyelashes catch my sweat

_____________________- Regina Spektor


Haz click en las partes del cuerpo para formar tu mujer ideal, o algo así decía el anuncio con la caricatura de una chica peliroja de curvas pronunciadas en un trajecito azul apretado. Seguro, from this very moment, habrá ya quien se reacomode en el asiento, quien se reacomode la corbata, quien carraspee, quien volteé a ver a sus alrededores, o imagine, o recuerde, buscando...

Come to think of it, ha habido miles de encarnaciones distintas del deseo - desde las que ahora llamaríamos regordetas figuras de las estatuillas de primeras y desconocidas civilizaciones, o de las mujeres de las pinturas de Rubens (con pieles que ahora algún anuncio llamaría imperfectas), hasta las hiper-delgadas modelos que se alimentan de lechuga y agua y se acostumbran a sentir hambre (y que tal vez recuerden en las noches de insomnio el placer que producen la grasa, el azúcar, los carbohidratos y sus combinaciones en el paladar y en el olfato).

De lo que es natural, sólo dios sabe, supongo. Pero los cuerpos tienen sus caminos propios, se expanden a placer o no, cambian, se transforman, son. Al respecto, podría recordar varias anécdotas y datos curiosos. Por ejemplo, que en una tribu africana son los hombres los que se decoran con pinuras y trajes y accesorios vistosos, imitando los bailes de cortejo de ciertos animales, mientras las mujeres los miran, eligen, y luego escapan con ellos. Que alguna vez escuché a dos mujeres increpar e incluso expresar sentimientos de náusea frente a una fotografía que mostraba los pliegues de la carne de una mujer desnuda, que poseía dimensiones muy similares a las de ellas. Que algún filósofo, Derridá creo, alguna vez dijo algo así como que lo que se llama amor no es sino deseo. Que en un documental de Discovery Channel dicen que hay quienes se enamoran en 8 segundos a través de ningún otro sentido o saber que no sea el de la vista. Que Ana María Shua escribió algo breve sobre un hombre que en sueños perseguía con ansia a una mujer y que, al despertar y verla junto a él, se sintió fastidiado. Que Octavio Paz alguna vez habló del erotismo, como el deseo de tocar el alma, y no sólo el cuerpo:

_____Maybe one day you'll understand
_____I don't want nothing from you
_____but to sweetly hold your hand

_____Just come and open your folding chair next to me
_____My feet are buried in the sand
_____And there's a breeze

(Again, by Regina Spektor:)


2.11.09

Be (I am)

El otro día leí una entrevista que le hicieron a un tuareg, Moussa Ag Assarid, un nómada del desierto que estudia en una universidad en Francia. Es una entrevista muy bella, Y hubo dos frases que se me han quedado en la mente. Acá las comparto en contexto:


MOUSSA: Allí [en el desierto] todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
ENTREVISTADOR: Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
MOUSSA: Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!


ENTREVISTADOR: Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
MOUSSA: Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
ENTREVISTADOR: Fascinante, desde luego...
MOUSSA: Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
ENTREVISTADOR: Qué paz...
MOUSSA: Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

21.10.09

Santa Úrsula



La historia de Santa Úrsula (con acento, mind you) es oscura e intrincada, fabulosa, fantástica y, para muchos, irreal.

Santa Úrsula (dicen) era la cristiana hija de un rey Bretón. Un día, se embarcó con once mil vírgenes para llegar al lugar donde contraería matrimonio. Sin embargo, una inusitada tempestad la llevó a tierra continental. Aprovechando el golpe del azar, Úrsula decidió que, antes de casarse, peregrinaría junto con sus damas hacia Roma. PERO... Uno de los hombres más terribles, más temibles y despiadados, el huno ¡Atila el Terrible! había tomado la ciudad de Colonia, a donde llegó la virgen Úrsula en su peregrinar. Él se enamoró de ella a primera vista, y estaba decidido a casarse con ella, pero la bella Úrsula defendió su virginidad hasta la muerte, y fue martirizada junto a sus once mil vírgenes.

Su historia fue encontrada en una inscripción en una iglesia en Colonia, que ahora está dedicada a ella.

Y hoy es su santo.
(Y el mío también).