"...to enclose the present moment; to make it stay; to fill it fuller and fuller, with the past, the present and the future, until it shone, whole, bright, deep with understanding."

Virgina Woolf, The Years


18.7.19

The Night of the Patient Moon


Dear mother and father and old and young people of my home. Dear pets and weeds and flowers and footfalls. I write to you in a script speckled with time. I write to the language of a poet and many who chanted after her. I quote those verses which are laments, songs, praises, and warnings. The laments are about not being of your skin, your tongue, your high heaven. The songs are about television screens, newsprint din, and the men with the megaphone going around shutting people’s windows down. The praises are to those that wear spotless clothes, hidden weapons, buck-skin shoes, and plastic faces. The warnings are about daring to speak, daring to say I’m two languages not one, I’m three faces not one, and I’m a quarter bile not full. Dear people of my city, town, lane, and invisible spaces, tell me, how do I return to you? It is the night of the patient moon. But the doorkeepers are asking for proof that I lived here, the watchful voices are mocking my 
wandering toes, and the vigilantes are simply admiring their righteous claws.

Fragment of Anima Writes a Letter Home, by Nabinda Das.

24.6.19

The Realm of Chance II - Camiones con alas

I. Camiones con alas
¿Colombiana? Me preguntó mientras me subía al taxi. No, mexicana. Ah, es que la que se bajó era colombiana, y antes de ella llevé a una brazileña, ¿qué mañana, eh?

Él, argentino, en su ciudad natal de Buenos Aires. No recuerdo bien por qué nos embarcamos en una conversación sobre camiones: bueno, autobuses, buses etc. ¿Y cómo le dicen a los autobuses en México? Camiones. ¿Y al ómnibus? Camión. ¿Y a las furgonetas? Camión.  ¿Y qué, a los aviones les dicen camiones con alas?


II. Guiar el camino
Ya nos había seguido la noche anterior. A mi compañera de viaje no le parecía muy gracioso, ¡perro zarnoso! lo increpó. A mí me pareció de lo más simpático. Era muy alegre, y brincaba, y se volteaba cada tanto para ver si venía siguiéndolo. Yo decidí elegirlo como mi compañero para caminar en la playa. Él guió el camino. Se dirigió derechito hacia las mansas olas. Como que quería jugar, pero cuando me paré junto a él, quieta, se sentó, primero, y luego se echó junto a mí, dormitando. Yo miré el mar un buen rato, lo extrañaba, y la mañana era tan fresca y tan clara, y el sol sacaba unos azules tan bellos al cielo y a las olas, que no podía dejar de mirarlo. Después voltée a verlo: se había quedado dormido, me pregunté si estaría cansado, si a su cuerpo le haría falta la energía que da el alimento, si el aire le daría frío. Me agaché y lo acaricié, no me importó que tuviera zarna o pulgas o piojos. No tenía, de cualquier forma. Acaricié su cabeza, y revisé mental e inútilmente varias veces mi bolsa para tratar de encontrar algo de comer para él. Y él seguía dormido, y se dejaba acariciar.


III. Ojalá que sí
- ¿Estos cuánto cuestan?
- Esos... 70. Te los dejo en 60. Es filigrana con piedras, la pluma es de un ave de la Patagonia, no recuerdo cómo le llaman, es de un ave de allá. Yo soy de un pueblito de por allá, apenas llegué hoy. ¿Tú de dónde eres?

Sí que me gustaron, y se los iba a comprar de cualquier forma, no tenía que hacerme la labia. Claro, que con eso empezó a sacarme la sopa, y a contarme de dónde era y dónde quedaba la población en la geografía del país, dónde se estaba quedando, etc. Mientras hablaba me hacía dos "regalitos" de alambre que doblaba, mira así, qué rápido, aquí mientras platicamos, uno para tí y otro para la persona que más quieras, para finalmente preguntarme:

- ¿Qué vas a hacer hoy en la noche?
- Voy a salir con unas amigas.
- Ojalá nos encontremos.

Como siempre, la astuta y veloz coquetería dentro de mí ("¡Dónde, señor, encontrar mujeres exentas de ella!") me sorprendió mientras la escuchaba decir ¡Ojalá que sí! ¡Eso! contestó él, y sonrió. Bueno, y también me pidió un beso. Yo le presté el cachete. Y después me volvió a pedir otro: Acerquemos nuestras mejillas una vez más, y yo se lo concedí.


IV. Cuando regreses ven a visitarme
Me explicó todo lo referente a los mates, su uso y curación. Como los demás, me preguntó de dónde era. ¡Ah, México! Ser mexicana en Argentina es como convertirse en una entidad diplomática no autoriazada pero bien celebrada. Sorprende y se siente bonito, vaya. Al final compré uno de madera, con una bombilla de falsa plata. ¡Cuando regreses vení a visitarme! I waved back at him, smiling.


VI. Un templo dentro
¿Qué te pasa? Me preguntó mientras me acercaba a ella que iba pasando por los torniquetes de salida. Nada, estoy buscando una calle, sabe dónde está? Sí, es para acá. Yo voy para allá, te encamino. Era una señora grande, elegante, y segura de sí misma. Caminas tres cuadras para allá y luego tomas a la derecha... bueno, caminas para acá conmigo una cuadra, y luego doblas a la derecha. Terminó dejándome a una cuadra, y diciéndome con una sonrisa Aquí vivo yo. Y dándome un beso y un abrazo de despedida. Pero al principio fue cuidadosa: ¿A quién vienes a ver? Me pareció que era una especie de guardiana del barrio quien debía conocer y aprobar quién entraba y salía. Respondí con un elusivo y titubeante A... una amiga. ¿A qué dirección habías dicho que ibas?  Respondí.  ¡Ah, sí, el solar! De día es muy bonito, de noche es muy oscuro. Pero es muy seguro. Es una calle muy arbolada. Mira, antes todas las casas eran como esa, y todas tenían naranjos plantados enfrente, como esos. Ahora ya las han derribado todas para construir estos edificios. No se entiende ni se cuida el patrimonio. Tal vez haya sido eso lo que nos llevó a hablar de menesteres familiares para ambas, del arte. Me  contó que su hijo era músico. El arte nos llena un vacío, un vacío que a veces está aquí en el estómago, me dijo, mirando hacia el frente y señalando sus propias entrañas con un gesto poderoso. Quien hace arte lleva un templo dentro de sí mismo, me dijo, esta vez, mirándome a los ojos y sonriendo con complicidad. Fue justo antes de entrar a su casa.

20.6.19

Lloroncita V - Si al cielo subir pudiera


Si al cielo subir pudiera, llorona
las estrellas te bajara
La luna a tus pies pusiera, llorona,
con el sol te coronara




Jaramar en el programa "Boleros y un poco más", Festival Cervantino

17.6.19

Música sonriente




El ángel blanco bebe leche con vainilla en vasos helados, aderezada con azúcar y sal. Le encanta la música sonriente, pero también puede palidecer de miedo. Va a la deriva entre las nubes, dejando un ligero manto de nieve que cubre la tierra como harina. Vive en la niebla, en la brumosa luz del alba, cuando desaparecen los castilos en el aire. Sabe de la Vía Láctea, del pelo de los sabios y del blanco del ojo. Borda telas de algodón de azúcar. Es puro y abierto, y arroja luz allá por donde va.

- El libro de los colores, Sophie Benini Pietromarchi

Imagen prestada de Danish photographer Lerkenfeldt

2.3.19

Un sol espejo


Ayer soñé que cantaba mientras te daba un beso. Mi voz entraba en tí por la boca en vez de llegarte por los oídos. Me escuchabas con la lengua y te dabas cuenta de que había un leve sabor de mar en mi voz. Cantaba dándote un beso. Mis manos también estaban mojadas. La sal de mis labios despertaba en tí una sed multiplicada. Y esa sed te hacía ir de una de mis vidas a la otra. Y cantaba por todas partes, llenándote con mi voz. Llegó un momento en que mi voz, como un líquido brillante, salía también de tu boca. Se desbordaba cubriéndote. Pero en realidad debería decir cubriéndonos. Cambiaba la memoria de nuestra piel. Transformaba todo en nosotros, incluso nuestro presente. Nos asombrábamos ante quiénes éramos ahora. Y nos reconocíamos con entusiasmo, casi a gritos: somos los anhelos que vivieron dentro de nosotros. Somos dos azares separados que vivieron con sed uno del otro. Sólo ahora, en estos cuerpos prodigio de ensoñación, hemos podido encontrar de nuevo una ternura olvidada. Estábamos anhelantes, ocultos, resignados. Ahora nos enciende una alegría y una sed inocentes. Un sol espejo invocó al nuestro. Así decía mi canción, mientras te daba un beso y todo comenzaba de nuevo.

Una variación de perspectiva en torno a "Segundo Sueño", En los labios del agua, de Alberto Ruy Sánchez.

11.2.19

Les Mots IX - Arqueología de un botín


To a-once-fourteen-year-old-boy called Josh.  


When to the sessions of sweet silent thought
I summon up remembrance of things past
I sigh the lack of many a thing I sought
And with old woes new wail my dear time's waste
... But if the while I think of thee, dear friend,
All losses are restored, and sorrows end.
- Sonnet XXX



I have unearthed a name
Like a lost treasure
I'd been searching for
for decades

I have unearthed a name
After many painstaking and failed quests
I turned to a different kind of compass
to help me find the right spot
I was close
But I almost merely stumbled upon it
in the end

But I did unearth the name
I have salvaged and restored it
for that Her within me
who lost is so long ago

That name she never got to smile hello to
That name she almost chose
not to kiss goodbye

I have unearthed that name
for that Her within me
who didn't know
how to look into the eyes of its bearer
For that Her within me
who didn't know how to use her voice
as a messenger
for a tantamount heart

I have unearthed that name
for that Her within me
who was too afraid
and too young
to know her own worth

I have unearthed The Name
I have salvaged The Voice
restored The Face and The Gaze
and recovered all those gestures
that I didn't remember
that I didn't remember anymore
But knew right away

I have unearthed a name
Not the first name
but the last
The exact coordinates that revealed
the map I'd been missing
for far too long
And have found perhaps too late

I have unearthed a last name
The First Name I have dwelt in
all along