"...to enclose the present moment; to make it stay; to fill it fuller and fuller, with the past, the present and the future, until it shone, whole, bright, deep with understanding."

Virgina Woolf, The Years


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12.10.12

Herencia cultural

Toda cultura depende de la calidad de sus dioses:

Es lo sagrado un surtidor del que brota la vida cultural que ha permitido construir ciudades, leyes, instituciones, fiestas, arte... Es la vida del alma lo que ha logrado, a través de la proyección de lo sagrado, la construcción de la cultura. Es ella, la cultura, la depositaria de los cuidados del alma y no la religión, lo cual viene a implicar la falsedad del paradigma del Iluminismo donde se plantea que el sentimiento religioso sera eliminado por la razón. Parafraseando a la misma Zambrano podríamos plantear su tesis -toda cultura depende de la calidad de sus Dioses- de la siguiente manera: toda cultura depende de la calidad de los cuidados del alma que cada cultura realiza. 




Voces: Julieta Lizaola en Lo sagrado en el pensamiento de María Zambrano, y Aimé Painé cantando Gurü Tayül, la Canción Sagrada del Zorro.


2.7.12

Una preghiera: Permite que mi país despierte en ese paraíso de libertad



Donde la mente no tiene miedo y la cabeza se lleva en alto
Donde el conocimiento es libre
Donde el mundo no ha sido quebrantado
Por estrechos muros domésticos
Donde las palabras surgen de las profundidades de la verdad
Donde el esfuerzo incansable estira sus brazos hacia la perfección
Donde el claro arroyo de la razón no ha perdido su camino
En la arena del desolado desierto del hábito
Donde la mente es guiada por Tí
Hacia la continua expansión del pensamiento y la acción
Permite, Padre, que mi país despierte en ese paraíso de libertad.





Where the mind is without fear and the head is held high
Where knowledge is free
Where the world has not been broken up into fragments
By narrow domestic walls
Where words come out from the depth of truth
Where tireless striving stretches its arms towards perfection
Where the clear stream of reason has not lost its way
Into the dreary desert sand of habit
Where the mind is led forward by thee
Into ever-widening thought and action
Into that heaven of freedom, my Father, let my country awake.

De Gitanjali de Rabindranath Tagore.



12.10.10

When did you come to America V.IV - El artista la inventa


Acaba de volver del mercado con varias jaulas a cuestas. Las coloca en el balcón, abre las puertitas y huyen los pájaros. Mira los pájaros perdiéndose en el cielo, aleteos, alegrías, y después se sienta a trabajar.

El sol del mediodía le calienta la mano. Sobre un amplio cartón, Leonardo da Vinci dibuja el mundo. Y en el mundo que Leonardo dibuja, aparecen las tierras que ha encontrado Colón por los rumbos del ocaso. El artista las inventa, como antes ha inventado el avión, el tanque, el paracaídas y el submarino, y les da forma como antes ha encarnado el misterio de las vígenes y la pasión de los santos: imagina el cuerpo de América, que todavía no se llama así, y la dibuja como tierra nueva y no como parte del Asia.

Colón, buscando el Levante, ha encontrado el Poniente. Leonardo adivina que el mundo ha crecido.

1500. Florencia. Leonardo. 
Memoria del Fuego. I. Los nacimientos, Eduardo Galeano

Imagen: mapa del mundo atribuido a Leonardo da Vinci, fechado alrededor de 1514, donde el artista imagina una nueva cartografía. Búsquenle y encontrarán a América.

17.6.10

When did you come to America V.III - Who discovered America


Para Tania, por la Memoria


Cae de rodillas, llora, besa el suelo. Avanza, tambaleándose porque lleva más de un mes durmiendo poco o nada, y a golpes de espalda derriba unos ramajes.

Después, alza el estandarte. Hincado, ojos al cielo, pronuncia tres veces los nombres de Isabel y Fernando. A su lado, el escribano Rodrigo de Escobedo, hombre de letra lenta, levanta el acta.

Todo pertenece, desde hoy, a esos reyes lejanos: el mar de corales, las arenas, las rocas verdísimas de musgo, los bosques, los papagayos y estos hombres de piel de laurel que no conocen todavía la ropa, la culpa ni el dinero y que contemplan, aturdidos, la escena.

Luis de Torres traduce al hebreo las preguntas de Cristóbal Colón:

-¿Conocéis vosotros el reino del Gran Khan? ¿De dónde viene el oro que lleváis colgado de las narices y orejas?

Los hombres desnudos lo miran, boquiabiertos, y el intérprete prueba suerte con el idioma caldeo, que algo conoce:

-¿Oro? ¿Templos? ¿Palacios? ¿Rey de reyes? ¿Oro?

Y luego intenta en lengua arábiga, lo poco que sabe:

- ¿Japón? ¿China? ¿Oro?

El intérprete se disculpa ante Colón en la lengua de Castilla. Colón maldice al genovés, y arroja al suelo sus cartas credenciales, escritas en latín y dirigidas al Gran Khan. Los hombres desnudos asisten a la cólera del forastero de pelo rojo y piel cruda, que viste capa de terciopelo y ropas de mucho lucimiento.
Pronto se correrá la voz por las islas:

-¡Vengan a ver a los hombres que llegaron del cielo! ¡Tráiganles de comer y de beber!

"1492. Guanahaní" Memoria del fuego I. Los nacimientos. Eduardo Galeano.




22.3.09

When did you come to America VIII - De lo inesperado

Japón

Fui a visitar a una amiga a su casa. Tenía la dirección correcta, llegué al número correcto, y toqué el timbre. No recordaba que la reja permitiera ver hacia adentro del jardín, pero uno no siempre puede confiar en su memoria.

Mi amiga estudió cerámica japonesa e inventó un barniz azul cuyo nombre ya se me olvidó, ha estudiado un poco de japonés, viajó a Japón hace algún tiempo, de donde me trajo un florero muy bonito, de un museo en Kyoto, y también sabe hacer arreglos florales japoneses. Y cuando sonríe, se le hacen chiquitos los ojos.

Me abrió la puerta un señor alto, vestido casi monocromáticamente con colores claros y sobrios; era de cabello corto, lacio, delgado, y de rasgos notoriamente orientales. Se me quedó viendo con sorpresa extrema por varios segundos, y yo también a él. Finalmente se acercó a la reja, mientras hablaba palabras que yo no entendía, al mismo tiempo que yo gritaba repetidamente Busco a Sheil, Sheila, ¿Aquí vive Sheila?

Nan des ka? Me dijo el señor cuando quedamos frente a frente, uno a cada lado de la reja. Yo quise contestarle algo en japonés, hubiera sido bonito, supongo, pero el poco japonés que alguna vez supe se evaporó ya de mi cerebrito, el cual por cierto también se congeló por la impresión y sólo pudo mandar el comando "Sheila, Sheila, " el cual repetí un par de veces con cierta desesperación. Aquí familia Hata-algo, me contestó. Ah, bueno, gracias. Resultó ser la calle de atrás, una especie de dimensión paralela al hogar materno de mi amiga, ambas nombradas en honor a uno u otro hermano Pinzón. Mi amiga sabía ya de la existencia de esa familia (a menudo reciben su correo y hasta uno que otro arreglito de flores), y le sorprendió que no hablaran español después de tanto tiempo de vivir en México.

La señora japonesa sí sabía español: abrió la puerta unos minutos después de que el señor ya se había metido a su casa, mientras yo hablaba con mi amiga y esperaba instrucciones sobre las coordenadas verdaderas. Me preguntó qué quería o a quién buscaba. No sé por qué, pero algo en su tono me hizo sentir un poco como una especie de terrorista suburbana, o algo así.


Fútbol

Cuando uno viaja fuera de México, se convierte en una especie de embajador del chile, de los charros, del tequila, de la fiesta, de la salsa y, en las más informadas ocasiones, también de las pirámides de Teotihuacán y de los aztecas. Sin embargo, nunca me imaginé que debía fungir también como representante del deporte más representativo del país, y estar, además, altamente versada en las artes y noticias del espectáculo del fútbol. Y, mucho menos, que tuviera que hacerlo entre un grupo de amigos de la India. Pues así fué, ellos hablaban-charlaban-gritaban con verdadera emoción y devoción del deporte en el país, conocían todos los nombres de los jugadores famosos y no famosos, el estado de sus contratos pasados, presentes y futuros, las rivalidades entre los distintos equipos, los puntajes de los más recientes partidos, y otras varias cosas más. ¡Ya me cayó el chahuiztle! pensé mientras permanecía callada, sonriendo, y esperando que no me preguntaran algo. Creo que fue mi amiga la que me preguntó si me parecía guapo no-sé-quién jugador en boga. ¡Chanfles! No, pues no me gusta el fútbol. Sé que existen el Cruz Azul y el América, y que le voy al Pumas porque alguna vez tomé clases en CU. ¡No te gusta! Repetido varias veces, por varias voces, en distintos tonos y decibeles. Pues no, y más bien, ¿cómo es que en India están tan enterados del fútbol mexicano?

26.2.09

When did you come to America VII - Why Mexicans like skeletons so much?

No sé.

La conversación había empezado mientras miraba pasar las cosas que no estaban alrededor de la pista de despegue. De repente sentí algo cerca de mi cara (creo que había estado ahí ya algún tiempo) y escuché un susurro insistente. Volteé y vi una mano sosteniendo - mas bien, ofreciendo- una envoltura verde diminuta. La tomé, un poco confundida pero agradecida, volteé un poco más la cabeza y le sonreí a la pasajera que estaba sentada a mi lado, una señora japonesa que aparentaba ser mucho más joven de lo que en realidad era (en cierto momento comparamos nuestros pasaportes para comprobarnos mutuamente nuestra edad real; ella decía que la fuente de la juventud se encontraba en el arte - ella es artista gráfica). Se llamaba Yumi .

El dulce era de té verde, lo que me emocionó sobremanera. Lo abrí, me lo comí y fingí, o quise creer con sinceridad, que sabía rico. Miré a Yumi con cara de está buenísimo, tratando de lograr el gesto de agrado más universal posible, y ella me vio con cara de no es cierto, saben feos, y dijo: es para la garganta (bueno, uno en ciertas latitudes aprende a esconder su ignorancia con gestos de amabilidad extrema para evitar ofensas interculturales innecesarias).

La envoltura del dulce me emocionó sobremanera también porque encontré un caracter reconocible: la letra japonesa para el sonido "no", que es muy bonita y una de mis favoritas; fue lo único que pude reconocer, pero fue suficiente para comenzar a entablar una conversación con Yumi sobre cosas japonesas y mexicanas.

Ella viajaba con su hermano, cuya hija se había casado con un mexicano y llevaba viviendo en México alrededor de 8 años, si no me engaña mi memoria. En Cuernavaca, para ser precisos, y era pianista de jazz. Su hermano hablaba un poquito de español, y había viajado ya muchas veces al país. Para Yumi era la primera vez, y su sobrina decía que la mejor época para viajar a nuestro/mi/este país era la Navidad.

Bueno, la verdad no me acuerdo cómo llegamos a discutir sobre calaveras y esqueletos y mexicanos. Tal vez hayamos empezado por las posadas y luego otras festividades y luego Yumi soltó la pregunta, seguramente sabiendo algunas cosas que yo no sabía (y sigo sin saber) que sabía. Creo que lo dijo por las calaveritas de día de muertos, o al menos eso me vino a la mente, todas las miles formas de representar a los muertos y celebrarlos y hasta bienvenirlos en esas fechas.

Soltó la pregunta como me la soltó una vez un señor koreano (mirándome fijamente a los ojos, con gran seriedad y hablando despacio, dejando silencios entre cada palabra, y con el dedo índice fijo sobre el mapa: ¿por qué pirámide luna lugar más importante pirámide sol?); no había ningún mapa para que Yumi posara su dedo índice determinantemente sobre él, pero estoy segura que el dedo índice de su mente se posaba claramente sobre algún punto muy concreto de su imaginario: Why Mexicans like skeletons so much?

La mera verdad, no sé.

Hace ya muchos años una amiga alemana me había preguntado lo mismo, pero, a diferencia de Yumi, que mostraba más bien una genuina curiosidad y hasta cierta fascinación, Daniela se mostraba consternada y hasta enojada, como un enojo que surgía de cierta repulsión que no sabría definir.

No sé, pero me gustaría saber. Si alguien sabe, que hable por favor. ¿Será que tendrá algo que ver con los tzompantlis, esos monumentos mexicas, calaveras puras, cuyo fin desconozco (como alguna vez lo sugirió alguien)? Seguro sí tendrá alguna raíz pre-hispánica, ¿no? ¿o no? Y sí es así, ¿de cuál? ¿Cuál habrá sido esa costumbre, esa concepción de la muerte, esa cosmovisión que permitía tal convivencia con los que ya no se cuentan entre nosotros, y que ahora la sigue posibilitando?


23.10.08

When did you come to America VI.I - La mar océana

Para mi padre

Para Tania Guerrero,
por la memoria




1492 La mar océana
La ruta del sol hacia las indias



Están los aires dulces y suaves, como en la primavera de Sevilla, y parece la mar un río Guadalquivir, pero no bien sube la marea se marean y vomitan, apiñados en los castillos de proa, los hombres que surcan, en tres barquitos remendados, la mar incógnita. Mar sin marco. Hombres, gotitas al viento. ¿Y si no nos amara la mar? Baja la noche sobre las carabelas. ¿Adónde los arrojará el viento? Salta a bordo un dorado, que venía persiguiendo a un pez volador, y se multiplica el pánico. No siente la marinería el sabroso aroma de la mar un poco picada, ni escucha la algarabía de las gaviotas y los alcatraces que vienen desde el poniente. En el horizonte, ¿empieza el abismo? En el horizonte, ¿se acaba la mar?

Ojos afiebrados de marineros curtidos en mil viajes, ardientes ojos de presos arrancados de las cárceles andaluzas y embarcados a la fuerza: no ven los ojos esos reflejos anunciadores de oro y plata en la espuma de las olas, ni los pájaros de campo y río que vuelan sin cesar sobre las naves, ni los juncos verdes y las ramas forradas de caracoles que derivan atravesando los sargazos. Al fondo del abismo, ¿arde el infierno? ¿A qué fauces arrojarán los vientos alisios a estos hombrecitos? Ellos miran las estrellas, buscando a Dios, pero el cielo es tan inescrutable como esta mar jamás navegada. Escuchan que ruge la mar, la mare, madre mar, ronca voz que contesta al viento frases de condenación eterna, tambores del misterio resonando desde las profundidades: se persignan y quieren rezar y balbucean: "Esta noche nos caemos del mundo, esta noche nos caemos del mundo"

Memoria del fuego. I. Los nacimientos, Eduardo Galeano



Buscando América. Rubén Blades y Los seis del solar.

21.8.08

When did you come to America IV - el saborcito ése de la música

pa' don Juan Carlos Medrano, en su cumpleaños


O, quiéralo o no lo quiera:




Entrevista a Alfredo "Chocolate" Armenteros



Y Guantanamela, o, la música de nosotro' ha caminado:




Entrevista a Alfredo "Chocolate" Armenteros



Ahora sí, el saborcito ése de la música:



Cachita , por el mismo señor.



... y hasta una japonesa:


MusicPlaylistRingtones


Te traigo flores, Orquesta de la Luz, Japón

¡Abrazo cumpleañero!


PD-recomendación: Salsa Around the World, Putumayo.

1.8.08

When did you come to America III - Chocolate




MusicPlaylist



Imagen: Servicio de chocolate, Luis Eugenio Menéndez Bodefón, siglo XVIII
Música: Chocolate, Los Parientes de Playa Vicente

17.7.08

When did you come to America II - To be or not to be: Spanish, Mexican, Latin

para Chris, también


Without hesitation, the strangest, the single most irrelevant question anyone has ever asked me: What color are you? Válgame el señor. Así, cruzando la calle, con un movimiento que denotaba cierta indignación, cierto extrañamiento ante el hecho, seguramente frunciendo el ceño, como si yo fuera responsable o culpable de algo, como si yo debiera responder a alguna falla en la clasificación, o, más bien, como si yo fuera la falla, como si hubiera cometido alguna especie de pecado al no caber del todo en ninguna de las cajas. Y no es que no quiera a J. (ni tampoco que ella tampoco me quiera, pues), pero preferiría que usara la palabra nada más para decirme qué bien combinan mis zapatos con mi blusa, o que cómo me atreví a salir con esas calcetas, o para hablar de sus pinturas.

Her girlfriend was from Mexico, but she was white! Ajá, sí (el adjetivo, además). I didn't know there were white people in Mexico! Otro. You know the Beatles? Hija mía, pues en qué planeta vivo. I didn't know Mexicans knew the Beatles! Sorprendidísima mi amiga porque me puse a cantar Yellow Submarine junto con una de esas maquinitas que tienen algunos joyeritos, de esos que cuando uno los abre suenan (éstas estaban bien chipocles, como diría un ex-colega, había que darle vuelta a una mini manijita para ponerlas a funcionar, uy, y también tenían Here Comes the Sun, y otras varias que ya no recuerdo).

Otro día estaba platicando con dos amiguitas, una de ellas la misma del incidente bitle, a la cual de repente volteé a ver para sorprenderme con su mirada fija, incrédula, sorprendida, un tanto asustada: It's like two different countries. Ella ha vivido mucho tiempo en Chicago, y enseñó en una comunidad compuesta mayormente de imigrantes mexicanos. Antes de que lo dijera, yo, lo juro, estaba a punto de preguntarle ( o más bien, de afirmarle): It's like two different countries, eh?

Bueno, y ya ni qué decir de que no sepa bailar salsa, y menos de que no tenga la más pájara idea de fútbol más allá de los nombres de Pelé, Maradonna, y, claro, Hugo Sánchez (mis amiguitos de la India lo saben todo, son grandes apasionados del fútbol latinoamericano, y me bombardearon con preguntas que jamás podría responder).

Sin embargo, el descubrimiento más terrible, más doloroso, vino después de ir a ver No Country for Old Men con Rydra. Si la han visto, recordarán que salen un montón de narcos mexicanos en unos trockonones con unas llantotas y unas lucesotas, y otros de intenciones cuestionables, y ya, ni uno decente. Cuando acabó la película y prendieron las luces, Rydra y yo nos volteamos a ver. Ella estaba inclinada hacia adelante, con los brazos estirados hacia el piso, la cabeza un poco ladeada, y me dijo: I'm sorry - por tanto mexican (nótese la falta de mayúscula que en inglés es falta ortográfica, mía), como si ella tuviera cierta responsabilidad, supongo, por el tono con que se repite tantas veces la palabra (tal vez cumpliendo alguna función de embajadora). Pero ahí fue cuándo me cayó el veinte. De lo que significa la palabra. Aquí. Ahora, de verdad, no puedo ni siquiera pensar en la palabra mexican sin sentir que estoy diciendo una mala palabra, incluso cuando la uso para referirme a mí misma, incluso cuando digo, I am Mexican.

Ser Spanish. Eso es algo así como ser English por hablar inglés. Siguiendo tal lógica, los australianos y los canadienses, por ejemplo, serían ingleses. Y bueno, regresando al punto, dentro de la clasificación primera caben también los brazileños, por alguna razón que aún desconozco (a veces no es tan bueno contrariar a la gente, meterlos en camisa de once varas, moverles el tapete). Ésta es la más popular, y la decente. Mi amigo José Luis y yo el otro día nos pusimos a curiosear un libro que se llamaba algo así como Guía de cómo ser racista, en inglés el título, no me acuerdo bien; ahí nos tenían denominados bajo la categoría Hispanics. Yo supongo que algo así querrán decir.

Y bueno, Latin a nadie se la he escuchado. De repento la suelto por ahí para ver qué pasa. Silencios, la mayoría de las veces. Pero no, miento. Hace dos o tres días se la escuché a una profesora, holandesa, que la dijo muy naturalmente, si se me permite el término - se oyó bonito, bien, pues, normal.

Recuerdo que una señora hizo lo imposible por encontrar una palabra para referirse a mí, sin lograrlo: Are you working at the CAG? No. Oh, they told me someone.... someone... la mirada se dirigía insistente hacia mí, demandando no sé qué, luego hacia abajo, someone... luego hacia un lado, someone...; yo, he de confesar, nada más estaba esperando a ver qué palabra iba a soltar finalmente... con curiosidad, claro - pero no me dió el gusto, me harté pues, la diversión llegó a su fin y le dije, cándida: Someone from Latin America? Bueno, ahí sí me sentí como que misionero salvador de almas o algo por el estilo, por que la señora me miro con tanto alivio, con tanto agradecimiento, mientras decía Yes! y señalaba con la mano algún punto detrás de mí, a mi derecha (yo, claro, sonreía).

Hace unos días la misma señora me hizo un favor inesperado, de esos que toman algún tiempo e interés. La abracé con genuino agradecimiento; she hugged me back.

7.6.08

When did you come to America I - América

Después de esa clase de historia, ahora, cada vez que escucho la palabra América, no puedo dejar de pensar en La invención de América, de O'Gorman. Y poco después me viene también a la mente aquello de América para los Americanos. Y aquello de llamar, irremediablemente, Americans a los estadounidenses... . Y también pienso en North America, término utilizado para no incluir al resto del continente (distinto de Norteamérica si pensamos en el tratado, por ejemplo). Y, por supuesto, en Rubén Bladés, y en aquello de América es para los Americanos. Y bueno, aquí me detengo porque tal vez debiera incluir uno que otro pie de página.

América. Amerigo, Ameriga, America. América. A un filólogo habría que preguntarle. Americus, América. O a un historiador. Por ahí encontré que el nombre es de origen germano, y significa "signore nella sua patria", ¿señor en su patria, podría decirse? ¿O señor en su propia patria? ¿O señor de su patria, o de su propia patria? Otra versión era "potente nella sua patria". Recuerdo también que, en las clases de la Miss Lupita, me intrigaba y me intrigaba por qué el continente no se llamaba más bien Colona, o algo por el estilo. Podría también preguntar, supongo, porqué no se llama Américo. La patria. Qué ambigua combinación de implicaciones masculinas y femeninas; la masculinización de la tierra (al menos para aquellas lenguas en que las cosas tienen géneros y que coinciden en que el sustantivo es femenino); la feminización de... ¿el padre? ¿un cierto orden? ¿un cierto poder? Vaya, si nos pusiéramos freudianos, o junguianos...


América. Lo repito para no desviarme. América. O para evocar algo. América. O para tratar de dilucidarlo. América. América. Queriendo imaginar el tono, tal vez, con que habría resonado la palabra en boca de Bolívar, o de Martí, o de Fray Teresa de Mier; o del propio Amerigo, incluso, o de Colón, o de Cortéz, o de algún alto gobernante inca que se rehusó a ser vencido, o de su hija, o de su nieto, o de un cacique, o de Malintzin, o de un sacerdote de Texcoco, o de Isabel la Católica, o de Sor Juana, o de Garcilaso, o de Sahagún, o de Gante, o de Carlos III de España; o de un esclavo que huyó al norte a buscar su libertad, o sí, también, en boca de Franklin o Lincoln, o de un quákero, o de un cubano, o de un irlandés, o un italiano, o un hindú; o de un japonés, o de otro japonés; o en qué tan diferente habría sido el tono en boca de un chino que cruzó el pacífico para comerciar en Acapulco del de uno que lo cruzó para construir vías del tren, o de la de un nativo que vió cómo las mismas interrumpían un ancestral camino (ya me detengo, a pesar de lo que excluyo... la lista sería interminable). Aunque pienso, también, y sin poder evitarlo, en cómo suena la Amerika de Mano Negra, o en las voces de García Lorca, de Elvis Presley, de Withman, de Vasconcelos o de Jimi Hendrix - y apenas me atrevo, sin poder evitar sentir vergüenza al saber que no sé de lo que hablo, a mencionar la de alguien que de noche cruza la frontera. Resumo: plétoras de voces, más que millones, que se multiplican en la geografía, en la historia y en el tiempo que transcurre o transcurrió para cada una.

América. La pronuncio, para descubrir cómo suena con mi voz.