Voces: Julieta Lizaola en Lo sagrado en el pensamiento de María Zambrano, y Aimé Painé cantando Gurü Tayül, la Canción Sagrada del Zorro.
"...to enclose the present moment; to make it stay; to fill it fuller and fuller, with the past, the present and the future, until it shone, whole, bright, deep with understanding."
Virgina Woolf, The Years
12.10.12
Herencia cultural
Voces: Julieta Lizaola en Lo sagrado en el pensamiento de María Zambrano, y Aimé Painé cantando Gurü Tayül, la Canción Sagrada del Zorro.
2.7.12
Una preghiera: Permite que mi país despierte en ese paraíso de libertad
Donde la mente no tiene miedo y la cabeza se lleva en alto
Donde el conocimiento es libre
Donde el mundo no ha sido quebrantado
Por estrechos muros domésticos
Donde las palabras surgen de las profundidades de la verdad
Donde el esfuerzo incansable estira sus brazos hacia la perfección
Donde el claro arroyo de la razón no ha perdido su camino
En la arena del desolado desierto del hábito
Donde la mente es guiada por Tí
Hacia la continua expansión del pensamiento y la acción
Permite, Padre, que mi país despierte en ese paraíso de libertad.
Where the mind is without fear and the head is held high
Where knowledge is free
Where the world has not been broken up into fragments
By narrow domestic walls
Where words come out from the depth of truth
Where tireless striving stretches its arms towards perfection
Where the clear stream of reason has not lost its way
Into the dreary desert sand of habit
Where the mind is led forward by thee
Into ever-widening thought and action
Into that heaven of freedom, my Father, let my country awake.
De Gitanjali de Rabindranath Tagore.
12.10.10
When did you come to America V.IV - El artista la inventa
Acaba de volver del mercado con varias jaulas a cuestas. Las coloca en el balcón, abre las puertitas y huyen los pájaros. Mira los pájaros perdiéndose en el cielo, aleteos, alegrías, y después se sienta a trabajar.
El sol del mediodía le calienta la mano. Sobre un amplio cartón, Leonardo da Vinci dibuja el mundo. Y en el mundo que Leonardo dibuja, aparecen las tierras que ha encontrado Colón por los rumbos del ocaso. El artista las inventa, como antes ha inventado el avión, el tanque, el paracaídas y el submarino, y les da forma como antes ha encarnado el misterio de las vígenes y la pasión de los santos: imagina el cuerpo de América, que todavía no se llama así, y la dibuja como tierra nueva y no como parte del Asia.
Colón, buscando el Levante, ha encontrado el Poniente. Leonardo adivina que el mundo ha crecido.
1500. Florencia. Leonardo.
Imagen: mapa del mundo atribuido a Leonardo da Vinci, fechado alrededor de 1514, donde el artista imagina una nueva cartografía. Búsquenle y encontrarán a América.
17.6.10
When did you come to America V.III - Who discovered America
Para Tania, por la Memoria
Después, alza el estandarte. Hincado, ojos al cielo, pronuncia tres veces los nombres de Isabel y Fernando. A su lado, el escribano Rodrigo de Escobedo, hombre de letra lenta, levanta el acta.
Todo pertenece, desde hoy, a esos reyes lejanos: el mar de corales, las arenas, las rocas verdísimas de musgo, los bosques, los papagayos y estos hombres de piel de laurel que no conocen todavía la ropa, la culpa ni el dinero y que contemplan, aturdidos, la escena.
Luis de Torres traduce al hebreo las preguntas de Cristóbal Colón:
-¿Conocéis vosotros el reino del Gran Khan? ¿De dónde viene el oro que lleváis colgado de las narices y orejas?
Los hombres desnudos lo miran, boquiabiertos, y el intérprete prueba suerte con el idioma caldeo, que algo conoce:
-¿Oro? ¿Templos? ¿Palacios? ¿Rey de reyes? ¿Oro?
Y luego intenta en lengua arábiga, lo poco que sabe:
- ¿Japón? ¿China? ¿Oro?
El intérprete se disculpa ante Colón en la lengua de Castilla. Colón maldice al genovés, y arroja al suelo sus cartas credenciales, escritas en latín y dirigidas al Gran Khan. Los hombres desnudos asisten a la cólera del forastero de pelo rojo y piel cruda, que viste capa de terciopelo y ropas de mucho lucimiento.
Pronto se correrá la voz por las islas:
-¡Vengan a ver a los hombres que llegaron del cielo! ¡Tráiganles de comer y de beber!
"1492. Guanahaní" Memoria del fuego I. Los nacimientos. Eduardo Galeano.
22.3.09
When did you come to America VIII - De lo inesperado
Fui a visitar a una amiga a su casa. Tenía la dirección correcta, llegué al número correcto, y toqué el timbre. No recordaba que la reja permitiera ver hacia adentro del jardín, pero uno no siempre puede confiar en su memoria.
Me abrió la puerta un señor alto, vestido casi monocromáticamente con colores claros y sobrios; era de cabello corto, lacio, delgado, y de rasgos notoriamente orientales. Se me quedó viendo con sorpresa extrema por varios segundos, y yo también a él. Finalmente se acercó a la reja, mientras hablaba palabras que yo no entendía, al mismo tiempo que yo gritaba repetidamente Busco a Sheil, Sheila, ¿Aquí vive Sheila?
Nan des ka? Me dijo el señor cuando quedamos frente a frente, uno a cada lado de la reja. Yo quise contestarle algo en japonés, hubiera sido bonito, supongo, pero el poco japonés que alguna vez supe se evaporó ya de mi cerebrito, el cual por cierto también se congeló por la impresión y sólo pudo mandar el comando "Sheila, Sheila, " el cual repetí un par de veces con cierta desesperación. Aquí familia Hata-algo, me contestó. Ah, bueno, gracias. Resultó ser la calle de atrás, una especie de dimensión paralela al hogar materno de mi amiga, ambas nombradas en honor a uno u otro hermano Pinzón. Mi amiga sabía ya de la existencia de esa familia (a menudo reciben su correo y hasta uno que otro arreglito de flores), y le sorprendió que no hablaran español después de tanto tiempo de vivir en México.
La señora japonesa sí sabía español: abrió la puerta unos minutos después de que el señor ya se había metido a su casa, mientras yo hablaba con mi amiga y esperaba instrucciones sobre las coordenadas verdaderas. Me preguntó qué quería o a quién buscaba. No sé por qué, pero algo en su tono me hizo sentir un poco como una especie de terrorista suburbana, o algo así.
Fútbol
26.2.09
When did you come to America VII - Why Mexicans like skeletons so much?
La conversación había empezado mientras miraba pasar las cosas que no estaban alrededor de la pista de despegue. De repente sentí algo cerca de mi cara (creo que había estado ahí ya algún tiempo) y escuché un susurro insistente. Volteé y vi una mano sosteniendo - mas bien, ofreciendo- una envoltura verde diminuta. La tomé, un poco confundida pero agradecida, volteé un poco más la cabeza y le sonreí a la pasajera que estaba sentada a mi lado, una señora japonesa que aparentaba ser mucho más joven de lo que en realidad era (en cierto momento comparamos nuestros pasaportes para comprobarnos mutuamente nuestra edad real; ella decía que la fuente de la juventud se encontraba en el arte - ella es artista gráfica). Se llamaba Yumi .
El dulce era de té verde, lo que me emocionó sobremanera. Lo abrí, me lo comí y fingí, o quise creer con sinceridad, que sabía rico. Miré a Yumi con cara de está buenísimo, tratando de lograr el gesto de agrado más universal posible, y ella me vio con cara de no es cierto, saben feos, y dijo: es para la garganta (bueno, uno en ciertas latitudes aprende a esconder su ignorancia con gestos de amabilidad extrema para evitar ofensas interculturales innecesarias).
La envoltura del dulce me emocionó sobremanera también porque encontré un caracter reconocible: la letra japonesa para el sonido "no", que es muy bonita y una de mis favoritas; fue lo único que pude reconocer, pero fue suficiente para comenzar a entablar una conversación con Yumi sobre cosas japonesas y mexicanas.
Ella viajaba con su hermano, cuya hija se había casado con un mexicano y llevaba viviendo en México alrededor de 8 años, si no me engaña mi memoria. En Cuernavaca, para ser precisos, y era pianista de jazz. Su hermano hablaba un poquito de español, y había viajado ya muchas veces al país. Para Yumi era la primera vez, y su sobrina decía que la mejor época para viajar a nuestro/mi/este país era la Navidad.
Bueno, la verdad no me acuerdo cómo llegamos a discutir sobre calaveras y esqueletos y mexicanos. Tal vez hayamos empezado por las posadas y luego otras festividades y luego Yumi soltó la pregunta, seguramente sabiendo algunas cosas que yo no sabía (y sigo sin saber) que sabía. Creo que lo dijo por las calaveritas de día de muertos, o al menos eso me vino a la mente, todas las miles formas de representar a los muertos y celebrarlos y hasta bienvenirlos en esas fechas.
Soltó la pregunta como me la soltó una vez un señor koreano (mirándome fijamente a los ojos, con gran seriedad y hablando despacio, dejando silencios entre cada palabra, y con el dedo índice fijo sobre el mapa: ¿por qué pirámide luna lugar más importante pirámide sol?); no había ningún mapa para que Yumi posara su dedo índice determinantemente sobre él, pero estoy segura que el dedo índice de su mente se posaba claramente sobre algún punto muy concreto de su imaginario: Why Mexicans like skeletons so much?
La mera verdad, no sé.
Hace ya muchos años una amiga alemana me había preguntado lo mismo, pero, a diferencia de Yumi, que mostraba más bien una genuina curiosidad y hasta cierta fascinación, Daniela se mostraba consternada y hasta enojada, como un enojo que surgía de cierta repulsión que no sabría definir.
No sé, pero me gustaría saber. Si alguien sabe, que hable por favor. ¿Será que tendrá algo que ver con los tzompantlis, esos monumentos mexicas, calaveras puras, cuyo fin desconozco (como alguna vez lo sugirió alguien)? Seguro sí tendrá alguna raíz pre-hispánica, ¿no? ¿o no? Y sí es así, ¿de cuál? ¿Cuál habrá sido esa costumbre, esa concepción de la muerte, esa cosmovisión que permitía tal convivencia con los que ya no se cuentan entre nosotros, y que ahora la sigue posibilitando?
23.10.08
When did you come to America VI.I - La mar océana
Para Tania Guerrero,
por la memoria
Están los aires dulces y suaves, como en la primavera de Sevilla, y parece la mar un río Guadalquivir, pero no bien sube la marea se marean y vomitan, apiñados en los castillos de proa, los hombres que surcan, en tres barquitos remendados, la mar incógnita. Mar sin marco. Hombres, gotitas al viento. ¿Y si no nos amara la mar? Baja la noche sobre las carabelas. ¿Adónde los arrojará el viento? Salta a bordo un dorado, que venía persiguiendo a un pez volador, y se multiplica el pánico. No siente la marinería el sabroso aroma de la mar un poco picada, ni escucha la algarabía de las gaviotas y los alcatraces que vienen desde el poniente. En el horizonte, ¿empieza el abismo? En el horizonte, ¿se acaba la mar?
Ojos afiebrados de marineros curtidos en mil viajes, ardientes ojos de presos arrancados de las cárceles andaluzas y embarcados a la fuerza: no ven los ojos esos reflejos anunciadores de oro y plata en la espuma de las olas, ni los pájaros de campo y río que vuelan sin cesar sobre las naves, ni los juncos verdes y las ramas forradas de caracoles que derivan atravesando los sargazos. Al fondo del abismo, ¿arde el infierno? ¿A qué fauces arrojarán los vientos alisios a estos hombrecitos? Ellos miran las estrellas, buscando a Dios, pero el cielo es tan inescrutable como esta mar jamás navegada. Escuchan que ruge la mar, la mare, madre mar, ronca voz que contesta al viento frases de condenación eterna, tambores del misterio resonando desde las profundidades: se persignan y quieren rezar y balbucean: "Esta noche nos caemos del mundo, esta noche nos caemos del mundo"
Memoria del fuego. I. Los nacimientos, Eduardo Galeano
Buscando América. Rubén Blades y Los seis del solar.
3.10.08
When did you come to America V - Motherland
Motherland, Natalie Merchant
Letra: http://www.nataliemerchant.com/history/lyrics/song_lyrics/m_songs/motherland.php
21.8.08
When did you come to America IV - el saborcito ése de la música
O, quiéralo o no lo quiera:
Entrevista a Alfredo "Chocolate" Armenteros
Y Guantanamela, o, la música de nosotro' ha caminado:
Entrevista a Alfredo "Chocolate" Armenteros
Ahora sí, el saborcito ése de la música:
Cachita , por el mismo señor.
... y hasta una japonesa:



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Te traigo flores, Orquesta de la Luz, Japón
¡Abrazo cumpleañero!
PD-recomendación: Salsa Around the World, Putumayo.
1.8.08
When did you come to America III - Chocolate
Imagen: Servicio de chocolate, Luis Eugenio Menéndez Bodefón, siglo XVIII
Música: Chocolate, Los Parientes de Playa Vicente
17.7.08
When did you come to America II - To be or not to be: Spanish, Mexican, Latin
Without hesitation, the strangest, the single most irrelevant question anyone has ever asked me: What color are you? Válgame el señor. Así, cruzando la calle, con un movimiento que denotaba cierta indignación, cierto extrañamiento ante el hecho, seguramente frunciendo el ceño, como si yo fuera responsable o culpable de algo, como si yo debiera responder a alguna falla en la clasificación, o, más bien, como si yo fuera la falla, como si hubiera cometido alguna especie de pecado al no caber del todo en ninguna de las cajas. Y no es que no quiera a J. (ni tampoco que ella tampoco me quiera, pues), pero preferiría que usara la palabra nada más para decirme qué bien combinan mis zapatos con mi blusa, o que cómo me atreví a salir con esas calcetas, o para hablar de sus pinturas.
7.6.08
When did you come to America I - América
América. Amerigo, Ameriga, America. América. A un filólogo habría que preguntarle. Americus, América. O a un historiador. Por ahí encontré que el nombre es de origen germano, y significa "signore nella sua patria", ¿señor en su patria, podría decirse? ¿O señor en su propia patria? ¿O señor de su patria, o de su propia patria? Otra versión era "potente nella sua patria". Recuerdo también que, en las clases de la Miss Lupita, me intrigaba y me intrigaba por qué el continente no se llamaba más bien Colona, o algo por el estilo. Podría también preguntar, supongo, porqué no se llama Américo. La patria. Qué ambigua combinación de implicaciones masculinas y femeninas; la masculinización de la tierra (al menos para aquellas lenguas en que las cosas tienen géneros y que coinciden en que el sustantivo es femenino); la feminización de... ¿el padre? ¿un cierto orden? ¿un cierto poder? Vaya, si nos pusiéramos freudianos, o junguianos...
América. Lo repito para no desviarme. América. O para evocar algo. América. O para tratar de dilucidarlo. América. América. Queriendo imaginar el tono, tal vez, con que habría resonado la palabra en boca de Bolívar, o de Martí, o de Fray Teresa de Mier; o del propio Amerigo, incluso, o de Colón, o de Cortéz, o de algún alto gobernante inca que se rehusó a ser vencido, o de su hija, o de su nieto, o de un cacique, o de Malintzin, o de un sacerdote de Texcoco, o de Isabel la Católica, o de Sor Juana, o de Garcilaso, o de Sahagún, o de Gante, o de Carlos III de España; o de un esclavo que huyó al norte a buscar su libertad, o sí, también, en boca de Franklin o Lincoln, o de un quákero, o de un cubano, o de un irlandés, o un italiano, o un hindú; o de un japonés, o de otro japonés; o en qué tan diferente habría sido el tono en boca de un chino que cruzó el pacífico para comerciar en Acapulco del de uno que lo cruzó para construir vías del tren, o de la de un nativo que vió cómo las mismas interrumpían un ancestral camino (ya me detengo, a pesar de lo que excluyo... la lista sería interminable). Aunque pienso, también, y sin poder evitarlo, en cómo suena la Amerika de Mano Negra, o en las voces de García Lorca, de Elvis Presley, de Withman, de Vasconcelos o de Jimi Hendrix - y apenas me atrevo, sin poder evitar sentir vergüenza al saber que no sé de lo que hablo, a mencionar la de alguien que de noche cruza la frontera. Resumo: plétoras de voces, más que millones, que se multiplican en la geografía, en la historia y en el tiempo que transcurre o transcurrió para cada una.
América. La pronuncio, para descubrir cómo suena con mi voz.


